Mikel Ugarte consiguió este fin de semana pasado lo que todo triatleta de larga distancia ansía: clasificarse para el Campeonato del Mundo de IRONMAN.
Lo logró en IRONMAN Sudáfrica, en una prueba ganada por Matthew Maqcuart y en la que Ugarte terminaba cuarto, logrando el último de los slots disponibles en la categoría masculina.
«El día empezó muy bien», recuerda el vasco. El mar estaba revuelto y la organización modificó el recorrido a dos vueltas para completar la distancia. Ugarte salió del agua en octava posición, un inicio sólido que le permitió llegar a la transición sin haber quemado demasiadas cerillas.
El segmento ciclista, el más complicado de los tres
«Cogí la bici con fuerza porque tampoco me había gastado mucho nadando», cuenta. Pero los primeros kilómetros le bajaron de la nube: «Ya me empezó a pasar gente a una velocidad bastante alta, que sinceramente ni aunque lo intentara les podía seguir».
Mikel Ugarte Ramos
- Ironman South Africa
- Challenge Almere
- Embrun
Ver cómo los rivales le adelantaban sin poder responder le hizo replantearse la carrera sobre la marcha. Las dudas empezaron a colarse: ¿estaba yendo demasiado lento? ¿Había calculado mal el esfuerzo?
El embajador de Orca decidió no entrar al trapo. «Me ceñí al plan y me mantuve en mis números». Nada de perseguir ruedas imposibles ni de reventar el vatímetro por orgullo. La estrategia le mantuvo en carrera, aunque mentalmente ya había descartado Kona. «La cabeza ya no pensaba en el slot, porque sinceramente pensaba que estaba muy, muy lejos».

La gran remontada, en la carrera a pie
El de Oñati llegó a T2 con un objetivo más modesto: «Intentar adelantar los máximos puestos posibles». Arrancó el maratón con un ritmo exigente, sin saber que ese ritmo le llevaría directo a Hawái. Kilómetro a kilómetro fue cazando rivales. Cuando alcanzó la cuarta plaza, se dio cuenta: «Desde el momento que me puse en cuarta posición, tenía la plaza ya».
Pero el miedo no desapareció. «Estaba esperando a que me viniera el bajón que me ha venido en muchos IRONMANs». Ugarte conoce bien esa sensación: las piernas que pesan como plomo, el cerebro que te pide parar, el reloj que se ralentiza. Esta vez, sin embargo, el bajón nunca llegó. Cruzó la meta en cuarto lugar, sorprendido por su propio rendimiento. «Una sorpresa muy, muy grande acabar cuarto», reconoce, consciente del nivel de los rivales y de lo complicado que había sido el segmento ciclista.
«Ya tengo mi slot para Kona. Estoy muy contento, muy, muy contento», celebra nada más terminar. El billete para el Mundial de octubre está en el bolsillo, aunque Ugarte sabe que queda trabajo por hacer.
«Ahora a disfrutar unos días. Asimilar un poco también qué ha pasado», reflexiona, sin olvidar que el ciclismo le dejó con dudas que tendrá que resolver antes de pisar la lava hawaiana.
El de 226ers ha demostrado que saber gestionar una carrera cuando las cosas no salen según el plan puede ser más valioso que ir sobrado de potencia. Mantuvo la cabeza fría cuando otros habrían entrado en pánico, respetó sus números cuando la tentación era apretar más, y supo leer la carrera para atacar en el momento justo. Esa inteligencia táctica, combinada con un maratón sólido, le ha llevado donde quería estar.