El triatlón profesional vuelve a mirarse al espejo. Sam Laidlow ha lanzado esta mañana en redes sociales una propuesta que va directa al corazón del deporte: hacer públicas las Autorizaciones de Uso Terapéutico, conocidas como TUEs, y abrir un debate sobre su uso dentro del circuito profesional y la —supuesta— laxitud con que se conceden.
El francés, campeón del mundo de larga distancia hace ahora tres años, reaccionó a un informe de la ITA, la International Testing Agency, que detallaba el número de TUEs concedidas por deporte. «Me hizo sentir triste, enfadado y confundido», escribió, antes de pedir a otros profesionales que se sumaran a una iniciativa de transparencia total.
«A mis compañeros profesionales que creen en un deporte limpio, juntemos fuerzas y hagamos públicas las TUEs», planteó. La idea es sencilla: que los propios atletas digan si tienen o no estas autorizaciones médicas, y que el debate salga del terreno de la sospecha.

Su publicación poco ha tardado en hacerse viral. Apenas una hora después de publicar su historia —a las siete de la mañana, hora española— Laidlow empezó a recibir respuestas privadas de otros deportistas de primer nivel.
Entre los nombres que aparecen en su bandeja de entrada están figuras Kilian Jornet, Richie Porte, Josh Amberger o Jake Birtwhistle, además de Jelle Geens, doble Campeón del Mundo de IRONMAN 70.3, que responde con un directo «Lo que necesites».
«Si eres profesional y quieres hacer un cambio, juntémonos y firmemos algo», ha insistido el francés en una tercera historia, dejando claro que la conversación ya está en marcha.
Sam Laidlow
- Ironman World Championships – Nice
- Ironman Leeds
- Challenge Roth
¿Qué son las TUEs y para qué sirven?
Las TUEs permiten a un deportista utilizar sustancias o métodos prohibidos cuando existe una justificación médica acreditada. Para concederlas deben cumplirse cuatro condiciones: diagnóstico clínico, ausencia de mejora artificial del rendimiento, inexistencia de alternativas y que la necesidad no derive de un uso previo sin autorización.
El sistema protege la salud del atleta, pero también introduce una zona opaca. La información médica es confidencial y, aunque las agencias antidopaje supervisan cada caso, el resto de competidores no tiene acceso a esos datos. La propuesta de Laidlow rompe ese equilibrio al trasladar la responsabilidad directamente a los deportistas.
Hace cinco años hubo un movimiento similar con los test antidopaje
El precedente más cercano es de 2020. Figuras como Jan Frodeno y Cameron Wurf apoyaron una iniciativa para hacer públicos sus controles antidopaje tras varias sospechas en la larga distancia. A ellos se sumaron Sebastian Kienle, Lionel Sanders o Tim O’Donnell entre otros tantos.

La diferencia es que entonces se hablaba de frecuencia de controles y ahora el foco está en las excepciones: las TUEs son legales, están reguladas y responden a criterios médicos estrictos, pero su existencia genera debate en un deporte donde la igualdad de condiciones es un principio básico.
El escenario que se abre no es sencillo. Si un grupo relevante de profesionales decide hacer públicas sus TUEs o incluso sus pasaportes biológicos, la presión sobre el resto será inmediata.
No hacerlo podría interpretarse como una señal, aunque no haya ninguna irregularidad, desplazando el debate del terreno normativo al reputacional.