Para muchos triatletas, mejorar en el agua sigue siendo una batalla constante. La mayoría llega al deporte sin pasado como nadador y con dificultades evidentes para adquirir técnica en un medio poco natural. Ahí es donde entra Joel Filliol, una de las figuras claves dentro del triatlón de corta distancia.
Desde su irrupción dentro del deporte, el canadiense ha entrenado a figuras del calibre de Mario Mola, Richard Murray o Vincent Luis, entre otros tantos, y acumula hasta seis títulos mundiales de élite con su grupo #JFTcrew.
Desde esa posición de conocimiento del profesionalismo, en 2012 comenzó a enumerar una serie de reglas sobre el entrenamiento de la natación. En ellas plantea una forma de entender el entrenamiento en el agua más directa y exigente.
Más metros, más frecuencia y más base
La condición física manda: sin base aeróbica, la técnica no se sostiene. Nadar mejor significa mantener el gesto cuando el cuerpo está cargado, no solo ejecutarlo descansado.
La frecuencia importa más que la duración: sesiones cortas repetidas durante la semana generan más adaptación que dos entrenamientos largos. En una disciplina tan técnica, las adaptaciones necesitan estímulo constante.
Por otro lado, si compites en media o larga distancia, el entrenamiento debe parecerse: series largas, ritmos sostenidos y volumen suficiente para preparar al cuerpo para lo que llegará en carrera.
En última instancia de este primero bloque, nadar fuerte también es una habilidad. Muchos triatletas no conocen su límite en el agua ni saben mantenerlo. Eso requiere base física y repetición en esfuerzos exigentes.
Técnica sin obsesiones y con contexto
Para Filliol, los ejercicios de técnica tradicionales no funcionan para la mayoría. El problema es el método: en adultos con poca experiencia motriz en el agua, descomponer el gesto suele ser ineficaz porque no perciben bien lo que hacen. No distinguen la posición del cuerpo ni el movimiento de los brazos, así que los ejercicios técnicos no producen resultado. Prefiere trabajar el gesto completo.
Gomas, palas y pull tienen su lugar, con intención clara. Las palas sirven para sentir la activación de los dorsales y mejorar el agarre, no para tapar la fatiga. La goma obliga a mantener la posición del cuerpo y da feedback inmediato cuando algo falla.
El objetivo es nadar rápido, y en aguas abiertas eso implica adaptar la frecuencia de brazada según la situación. Ni la brazada larga máxima ni contar ciclos son el camino. La cabeza, el batido (para estabilizar, no para propulsar) y la calidad técnica en series cortas se trabajan mejor como consecuencia del entrenamiento que como objetivo declarado.
La natación dentro del triatlón
Para Filliol, la natación condiciona lo que ocurre después: afecta la fatiga, el grupo en el que sales y el ritmo de todo lo que sigue. Salir del agua con menos fatiga y en un grupo más rápido cambia la dinámica del resto de la carrera.
Filliol incluye calidad en casi todas las sesiones: cambios de ritmo y bloques de fuerza, sin llegar al máximo en cada entrenamiento. Si tienes que apuntar la sesión para no olvidarla, es demasiado compleja.
La falta de exigencia externa es el freno principal para triatletas que entrenan solos. Nadar en grupo aporta referencias constantes y la presión de competir en cada serie.
Para acabar: el material no es una muleta, y la repetición no tiene sustituto: repetir el mismo gesto cientos de veces progresa más que explorar variantes.