Hay zapatillas que se venden solas y hay zapatillas que hay que explicar. La ASICS Superblast 3 pertenece a la segunda categoría: aunque parece una zapatilla sencilla de explicar, su propuesta no encaja en los cajones habituales.
¿Por qué? Pues porque no es una zapatilla de competición. No lleva placa de carbono, no está pensada para batir marcas en el último kilómetro de una maratón.
Tampoco es una zapatilla de recuperación de esas que parecen zapatillas de hospital. Es lo que el sector ha empezado a llamar maxi-trainer: un modelo con perfil maximalista, espumas de primer nivel y construcción premium, diseñado para absorber el grueso del kilometraje semanal sin que las piernas paguen el precio.

La Superblast 2 ya era una referencia en esta categoría. Reactiva, amortiguada, sorprendentemente ligera para su tamaño. Pero tenía un punto flaco que los corredores más pesados o con técnica menos depurada notaban en seguida: cierta inestabilidad a ritmos lentos y en los cambios de dirección.
ASICS ha puesto ese problema en el centro de la revisión y ha construido la tercera versión alrededor de él.
La mediasuela: mismas espumas, distinta geometría
ASICS no ha cambiado la fórmula de espumas respecto a la versión anterior. La combinación de FF Blast Turbo en la parte superior y FF Blast+ en la inferior ya funcionaba, y la marca ha tenido el criterio de no tocarlo.
Lo que sí ha cambiado es la forma. La base es ahora sensiblemente más ancha, especialmente en el mediopié y el talón. No es un cambio cosmético.
En la práctica, transforma por completo la sensación de la zapatilla: donde antes había cierta tendencia a volcarse en los apoyes lentos o en las curvas, ahora hay una plataforma sólida que transmite confianza desde el primer kilómetro.
El FF Blast Turbo sigue siendo la espuma protagonista. Es la misma que ASICS utiliza en sus modelos de competición —la familia Metaspeed—, y se reconoce en ese rebote vivo y ese punto de ligereza que empuja a correr un poco más rápido de lo planeado.
La FF Blast+, más densa, actúa como base amortiguadora y es la que da cuerpo a esa nueva estabilidad.
El rocker está presente, con esa transición en arco que lleva el pie desde el aterrizaje hasta el despegue sin interrupciones. No es tan agresivo como en algunos modelos de Hoka, pero hace su trabajo con eficacia.
El resultado global es una zapatilla que se siente más equilibrada que su predecesora. Sigue siendo blanda y reactiva, pero el comportamiento es más predecible y controlado, lo que paradójicamente la hace más útil para un rango mayor de corredores.
El upper: el cambio más visible
El Engineered Mesh de la Superblast 2 cumplía, pero no destacaba. El nuevo tejido trenzado que estrena la tercera versión es otro nivel.
A la vista puede parecer más denso, pero la transpirabilidad es buena. Lo hemos probado en días con temperatura elevada y la humedad se gestiona sin problemas.

Lo que gana respecto al material anterior es el ajuste: el pie queda mejor sujeto en toda la zapatilla, sin presiones localizadas, con una sensación más estructurada que no llega a ser constrictiva.
La lengüeta es tipo fuelle, fina pero acolchada, unida a los laterales. No se desplaza en toda la carrera. El sistema de cordones es asimétrico, similar al que ASICS usa en la Novablast 4, y permite un bloqueo seguro sin puntos de presión incómodos.
El upper contribuye activamente a la estabilidad general de la zapatilla, y eso no era tan evidente en la versión anterior.
La suela: agarre y durabilidad
La suela mantiene el compuesto AHARPLUS™, que es garantía de durabilidad. La distribución del caucho cubre las zonas de mayor desgaste —talón y antepié— y deja expuestas partes de la mediasuela para no sumar peso innecesario.
El diseño del taqueado favorece la compresión y el rebote, y en la práctica el comportamiento es sólido. En asfalto seco el agarre es impecable.

En asfalto mojado se defiende con mucha más solidez que versiones anteriores de ASICS, que en ocasiones resbalaban en condiciones adversas. En caminos de tierra compacta —parques, caminos sencillos— la base ancha y el buen agarre la hacen perfectamente válida aunque no sea su terreno natural.
Tras 150 kilómetros de prueba el desgaste es prácticamente nulo. La estimación de durabilidad supera con comodidad los 800 kilómetros, probablemente los 900.
Sensaciones según el ritmo
Una zapatilla maximalista no debería usarse para todo, pero la Superblast 3 aguanta bastante bien el tirón en diferentes contextos.
Los rodajes suaves y las tiradas largas son donde esta zapatilla vive más cómoda. La amortiguación es abundante, la protección muscular notable y el resultado al terminar —incluso en salidas de 25 o 30 kilómetros— es de piernas menos cargadas de lo habitual.
A ritmos por encima de 5:30 min/km, la mejora de estabilidad respecto a la v2 se agradece mucho.
Los ritmos medios y el trabajo de calidad entre 4:15 y 5:15 min/km es donde la zapatilla luce más.
El FF Blast Turbo entra en acción, el rebote se hace evidente y correr se convierte en algo entretenido. Fartleks, tempo controlado, maratones a ritmo de crucero: la Superblast 3 encaja en todo esto sin demandar nada especial al corredor.
Las series y los ritmos por debajo de 4:00 min/km son territorio donde la zapatilla cumple pero no deslumbra. Puede hacerlo, y no hay nada que la limite de forma absoluta, pero sin placa de carbono la propulsión no alcanza el nivel de las zapatillas diseñadas específicamente para eso. Para ese trabajo existen las Metaspeed.
Superblast 3 vs Superblast 2: ¿vale la pena cambiar?
Para quien ya tiene la segunda versión y está satisfecho, la respuesta depende de un factor: la estabilidad. Si la v2 te daba exactamente lo que necesitabas sin echarte nada en falta, la mejora existe pero no es urgente.
| Característica | ASICS Superblast 2 | ASICS Superblast 3 | Veredicto |
|---|---|---|---|
| Estabilidad | Mejorable, algo inestable para algunos | Excelente. Base más ancha y upper más seguro |
Mejora CLARA
|
| Peso | 264 gramos (aprox.) | 255 gramos |
Mejora NOTABLE
|
| Ajuste (Upper) | Cómodo pero algo suelto | Más estructurado, seguro y premium |
Mejora SUBJETIVA
(nos gusta más el 3)
|
| Tacto Mediasuela | Muy reactivo y «salvaje» | Equilibrado, controlado y reactivo |
Evolución
(más polivalente)
|
| Versatilidad | Muy alta | Aún mayor gracias a la estabilidad |
Mejora
|
Si notabas inestabilidad —sobre todo a ritmos lentos o siendo un corredor de más de 80 kg— la tercera versión resuelve ese problema de raíz. No es una actualización de colores: hay cambios reales con consecuencias reales en la carrera.
En cuanto al peso, el adelgazamiento de casi 10 gramos se nota en la mano aunque no sea revolucionario en movimiento. El upper es, en nuestra opinión, una mejora clara sobre el anterior.
Competencia directa
La categoría de maxi-trainers sin placa está más concurrida que hace dos años. La New Balance FuelCell SuperComp Trainer v3 es la competidora más directa: espuma muy reactiva y gran amortiguación, aunque la Superblast 3 es algo más ligera y ofrece mayor estabilidad en nuestras pruebas.
La Hoka Mach X lleva una placa de Pebax —no de carbono— y es más firme y agresiva en la respuesta; la ASICS resulta más cómoda para el uso diario continuado.
La Adidas Adizero Boston 12 incluye varillas de carbono y está más orientada a ritmos rápidos; la Superblast 3 la supera en comodidad para rodajes largos a ritmo tranquilo, aunque la Boston 12 gana cuando el objetivo es correr rápido.
Alternativas a este modelo
Para quién la recomendamos
La Superblast 3 tiene sentido para varios perfiles. En primer lugar, el corredor que quiere una sola zapatilla de alta gama que sirva para entrenar, hacer calidad y competir en distancias largas sin buscar el récord personal.
Luego, el que acumula muchos kilómetros semanales y necesita proteger las articulaciones sin renunciar a la sensación.
También el que ya usa zapatilla con placa para las citas importantes y busca el complemento para el resto de las sesiones e ir equilibrado. Y los corredores de más peso, para quienes la nueva estabilidad marca una diferencia significativa respecto a la versión anterior.