Jocelyn McCauley respondió a Sam Laidlow en pocas horas. La triatleta estadounidense cuestiona la propuesta de hacer públicas las TUEs con una matización construida desde la experiencia propia: su solicitud es la única TUE denegada en el triatlón profesional en los últimos cuatro años, y eso cambia su postura sobre la transparencia.
Laidlow había propuesto que los deportistas hicieran públicas sus autorizaciones para reducir la sospecha sobre su uso. Sin embargo, McCauley señala un ángulo que esa propuesta no contempla: publicar las TUEs puede revelar información médica íntima sin relación con el dopaje.
El caso McCauley
McCauley, que hasta 2022 llegó a estar en el TOP20 de la PTO y el año pasado quedó séptima en el Campeonato del Mundo de IRONMAN, explica primero qué es una TUE. «Para quienes no sepan qué es una TUE, es una autorización de uso terapéutico», dice. «Como deportistas profesionales, no podemos tomar ciertas sustancias, y si las necesitamos por razones médicas, tenemos que solicitar esta autorización». Hasta hace poco, coincidía con Laidlow: defendía que estos permisos fueran públicos.
Jocelyn McCauley
- Ironman New Zealand
- Ironman Hawaii
- Ironman 70.3 Boise
Eso cambió cuando tuvo que pasar por el proceso. McCauley y su pareja llevaban más de un año intentando quedarse embarazados sin éxito.
Consultó especialistas en fertilidad y combinó tratamientos convencionales con enfoques más holísticos. Uno de esos médicos le propuso un tratamiento farmacológico incluido en la lista de sustancias prohibidas.
Era la primera vez que solicitaba una TUE. «Nunca había aplicado para una», reconoce. «Y me costó decidirme a hacerlo».
El proceso incluye informes médicos de ambos miembros de la pareja, resultados de pruebas clínicas y la justificación formal del médico responsable. La agencia nacional antidopaje revisa todo eso con varios especialistas antes de resolver.
La agencia denegó la solicitud. «Fue denegada», resume. «Es interesante porque, en triatlón, ha habido una única TUE denegada en los últimos cuatro años aproximadamente, y esa fui yo». Menos del 5% de las solicitudes se rechazan, y el único caso en ese periodo correspondía a un tratamiento de fertilidad.

Privacidad frente a transparencia
Ese resultado cambió su postura: «Antes quería que las TUE fueran públicas», reconoce. «Pero después de pasar por esto, ya no soy una gran defensora de esa idea».
El argumento es concreto: publicar la medicación solicitada puede revelar información médica personal sin ningún vínculo con la ventaja deportiva.
En su caso, quien conociera el fármaco podría deducir que estaba intentando quedarse embarazada. «Puede revelar que alguien está intentando tener un hijo», señala. «No creo que eso deba estar ahí fuera», sostiene.
McCauley acepta que el sistema de TUEs necesita supervisión. Lo que cuestiona es que la confidencialidad proteja solo posibles ventajas competitivas: protege la vida personal del atleta. La propuesta de Laidlow transfiere la responsabilidad a cada deportista, y quienes no publiquen pueden quedar bajo sospecha por ello.
Cierra con una comparación directa. «Es interesante que los tratamientos de fertilidad no se aprueben», comenta, «cuando he visto autorizaciones para testosterona, hormona de crecimiento y otras cosas».
No entra a valorar esos casos, aunque la diferencia entre una denegación por fertilidad y autorizaciones para testosterona o HGH es difícil de dejar sin respuesta.
A partir de ahí, la pregunta que queda en el centro del debate es concreta: si hacer públicas las TUEs aumenta la confianza en el sistema o revela información médica que debería seguir siendo privada.